No sé si os habéis dado cuenta de que he cambiado el diseño del blog. Renovarse o morir -he elegido "renovarse" porque sólo hay que pinchar en un botón, que si no yo prefiero "muerte"-.

El caso es que en la parte superior derecha de mi renovada página aparece una tabla de surf y eso me ha hecho recordar que tenía pendiente comentaros mi experiencia veraniega con ese deporte (ufffff, que tiempos ya lejanos).

¿Y cual fué esa experiencia? Pues que, siendo ya habitante del tercer piso (gran expresión que he copiado por todo el morro a un ex de la coctelera, Revisión Irisada, ), me decidí a apuntarme a un curso de surf este veranito (jo, estoy hablando de Agosto de 2006)…

En fin, la idea original era, sobretodo, ver que tal nos quedaba el trajecito ese ajustado de neopreno, ligar moreno y de paso ligar con algún surfista buenorro. El resultado final fue más bien diferente. El traje realmente no sienta muy bien. No me puse morena, me puse morada (de los moratones que me decoraban las piernas y que permanecieron más de un mes). Y no encontré interés en ligar con ninguno de los surfistas de 8 años con los que compartí el curso. Los monitores eran coetáneos de los Beach-Boys así que tampoco nada…

Pero me lo pasé muy bien. Y pienso repetir la experiencia este verano. Durante las cinco horas que pasé realmente en el curso (es que coincidió con Fiestas y claro, una tiene sus prioridades) conseguí ponerme de pie sobre la tabla 4 segundos un par de veces. Que orgullosa estoy de mí.

Por último, reseñar que:

“Aprender Surf es infinitamente más difícil que aprender a esquiar”. Se mire por donde se mire. Y así zanjo una discusión pendiente.